Cuidado con las mujeres empoderadas.
Lo vengo diciendo hace rato: los hombres somos una especie sin el futuro asegurado. El mundo está cada vez más feminizado, ellas empezaron hace rato a adquirir poder en todos los frentes y, considerando el altísimo número de ventajas comparativas de las féminas (inteligencia emocional, flexibilidad, empatía, capacidad de trabajo en equipo), nos vemos obligados a reinventarnos o morir. Es más, qué manera de ser atractiva y desafiante esta mujer empoderada, dueña de su vida y de sus tiempos, de esas que tienen a su trabajo como primera prioridad y que no andan con el vestido en la cartera. Una chica frontal, ambiciosa, tan segura de sí misma como sexy. Perfecta como amiga o como amante. Pero, cuidado, aquí viene la trampa: se trata de un pésimo partido a la hora de formar pareja.
Las mujeres de carrera, esas que triunfan en la universidad, el posgrado, la oficina y que se quieren comer al mundo son de altísimo riesgo, dinamita a punto de explotar. Una serie de estudios e investigaciones publicados en medios de prestigio indican que se divorcian más, son más infieles, no quieren tener hijos y, si los tienen, son menos felices al respecto. Por eso, un artículo de la revista norteamericana Forbes dice al respecto: “Cásate con una linda o una fea, una baja o una alta, rubia o morena, lo que sea, pero no te cases con una career woman (mujer de carrera)”.Ups. Fuerte, ¿no? Veamos algunos datos duros para argumentar tamaña tesis. Dice la publicación Journal of Marriage and Family que si este tipo de mujeres ganadoras “renuncia a sus trabajos y permanece en casa con su familia, serán infelices”. Le sigue otro medio muy serio, Social Forces, que anota que ellas lo pasarán mal si ganan más dinero que sus parejas masculinas; y para peor, el mismo Journal of Marriage and Family sentencia que nosotros, los hombres, lo pasaremos pésimo si nos superan en ingresos. No es todo. El American Journal of Sociology descubre que las probabilidades de los machos de enfermarse aumentan considerablemente cuando se emparejan con una winner. Para rematar, y esto ya parece chiste –aunque no deja de tener sentido- nuestra casa estará más sucia, dice el Institute for Social Research.
¿Todavía le parece afrodisíaca la ambición femenina, señor? Si le faltara aliño a la sopa, vaya este ají cacho de cabra expresado por Gary Becker, Premio Nobel de Economía: “Cuando ambos esposos tienen una carrera, el valor total del matrimonio disminuye para los dos, pues no se realiza el total del trabajo requerido, lo que hace la vida más dura para ambos y el divorcio más probable”. Seamos realistas, si mantener una relación de pareja hoy en día ya es bastante difícil (¿alguien tiene todavía más amigos casados que separados?), tener éxito con una señora empoderada, ganadora, jefa, que pasa cientos de horas en la oficina, es dificilísimo. De hecho, el ítem “tiempo en la oficina” parece ser directamente proporcional a la tentación y la infidelidad. “El ambiente laboral entrega un gran número de parejas potenciales” dice el Journal of Marital and Family Therapy. Para peor, las personas más educadas tienden a ser más infieles: quienes tienen educación universitaria son 1,75 veces menos leales que los que sólo tienen diploma escolar. Y quienes ganan más, también engañan más.
¿Sería todo? No. Queda la guinda de la torta. Un estudio reciente de Social Forces, medio especializado en investigar temas complejos, arroja la siguiente reflexión: las mujeres, incluso las feministas, son más felices cuando sus maridos son los principales sostenedores del hogar. Ufff. Tan enredado como la intrincada, desafiante y exquisita mente femenina. Si ya es un reto que dos personas se entiendan, si el hecho de haber tenido padres separados aumenta las probabilidades de fracaso en el matrimonio, si la edad es decidora, la diferencia religiosa puede alejar más que acercar y la situación socioeconómica de cada uno pone su granito de dificultad, bueno pues, ahora ya lo saben, a las mujeres súper empoderadas hay que partir descontándoles puntos, conocerlas requete muy bien primero y ponerlas a prueba varias veces. Parecen de lo más top, y perfectamente lo pueden ser como individuos, pero en pareja hacen tilt. Antes, incluso, de la segunda bola.
Me parece un artículo bastante machista. Por otro lado, eso mismo pienso yo de los hombres. Pero no de los “career men”, sino de todos. Profesores, cocineros, músicos, maestros, cajeros, tellers, vagos, vividores, etc.